La sensibilidad a ruidos afecta a un gran número de mascotas, entre un 40-50% de los perros muestran algún tipo de sensibilidad o miedo a ruidos, tales como petardos o truenos. El miedo puede ser una reacción normal, pero no lo es que nuestra mascota desarrolle un cuadro de ansiedad después de un episodio de miedo.

A pesar que es un problema muy extendido, la gran mayoría no llegan a recibir ningún tipo de tratamiento.

¿Cómo podemos saber si nuestro animal tiene una reacción de miedo, o ha desarrollado un cuadro de ansiedad?

Normalmente una reacción de miedo hará que el animal se asuste, se esconda, o busque nuestra atención, y cuando lo que le ha producido el miedo desaparece, volverá a tener una conducta normal en menos de una hora. Si el animal sigue escondido, o pidiendo nuestra atención durante más tiempo, seguramente el animal estará sufriendo un cuadro de estrés y ansiedad.

Fases y factores de riesgo de la sensibilidad a los ruidos

Por lo general, existen 3 fases en la sensibilidad a los ruidos:

  • Fase I: no hay síntomas perceptibles del problema.
  • Fase II: el propietario detecta síntomas, pero intenta remediarlos por su cuenta.
  • Fase III: el problema se agrava mucho y entonces se consulta a profesionales. Estos pacientes suelen tener el problema ya con una intensidad muy elevada, desde hace bastante tiempo, y por ello el pronóstico es mucho peor.

Lo ideal es detectar el problema lo antes posible para poner un tratamiento, o incluso realizar terapias preventivas para que nuestro perro no desarrolle este tipo de miedos/fobias.

La exposición temprana a ruidos (3 semanas de vida a los 6 meses de edad) tiene un efecto protector frente a estos problemas. Sería interesante realizar terapias preventivas en estos cachorros de forma preventiva.

En los estudios realizados a mascotas en relación al miedo en general, se ha visto una relación con la falta de socialización, un destete precoz o poco cuidado materno, y también con el hecho que el perro haga poco ejercicio o no tenga diversidad en sus actividades. La falta de socialización y realizar poco ejercicio, son los dos factores que marcan más en la sensibilidad a ruidos; así como la falta de ejercicio es clave en la ansiedad por separación.

Clasificación de la sensibilidad a ruidos

Podemos clasificar los problemas de sensibilidad a los ruidos según su grado de intensidad:

  • Afectación leve
  • Afectación moderada activo: el perro busca al propietario o se esconde.
  • Afectación moderada pasivo: el perro se queda inmóvil.
  • Afectación grave: los casos más graves se caracterizan por existir una anticipación (muestra síntomas cuando sospecha que el estímulo negativo va a aparecer), se defecan y/u orinan, destrozan cosas, incluso pueden vomitar…El tiempo que tardan en volver a la normalidad es más prolongado.

Para facilitar el diagnóstico y poder realizar esta clasificación los etólogos han diseñado una escala llamada SRS, donde se deben contestar unas preguntas a las que se les da una puntuación. El total de la puntuación va de 0 a 25, a mayor puntuación mayor grado de afectación. Una reacción leve se encuentra entre 1 y 4, reacción moderada de 5 a 14, y reacción grave: de 15 a 25.

El manejo de la situación afecta a la progresión del problema

Los 3 puntos importantes del manejo de estas situaciones son:

  • ¿Dispone el perro de una zona de seguridad? Los animales que consiguen esconderse durante la situación estresante, se adaptan mejor. Es importante que el propietario permita a su mascota esconderse. La zona segura debe ser un lugar pequeño y recogido.
  • ¿Tiene acceso a los propietarios? Con el propietario el perro se siente protegido, entonces disminuirá el nivel de estrés y miedo.
  • ¿Se castiga el comportamiento del perro? El 30% de propietarios riñen a su perro. Hay que comprender que este tipo de conductas no son intencionadas, es una respuesta a un estado de ansiedad y estrés.
¿Cómo crear una zona segura?

Debe ser un sitio de pequeñas dimensiones, justo para que el animal pueda entrar y descansar cómodamente. Podemos utilizar un transportin sin puerta, o una caja de madera o de cartón. La entrada siempre tiene que quedar abierta. Pondremos una manta al suelo y taparemos la caja con mantas por encima y por los lados, dejando una obertura para que el perro pueda entrar. Las mantas también ayudarán a amortiguar el ruido. Pondremos también su cama dentro de la caja, sus juguetes, etc. para que le sea más familiar.

¿Dónde poner la zona segura?

Si el animal ya ha seleccionado un lugar de la casa donde esconderse, como por ejemplo en el baño, debajo de la cama, detrás de un armario, etc. Aprovecharemos este lugar para poner la zona segura.

Si el animal no ha elegido ninguna zona donde esconderse, escogeremos una habitación interior, a ser posible sin ventanas. Si tiene ventanas, las taparemos con mantas para amortiguar el sonido. La habitación donde pondremos la zona segura siempre tiene que tener la puerta abierta que permita al animal salir y entrar cuando quiera, y la luz apagada.

¿Cómo podemos hacer que el perro entre en la zona segura?

Tenemos que habituar al perro a la zona segura con antelación, si llega el día que necesitemos que entre, y no le hemos entrenado antes a hacerlo, seguramente no lo conseguiremos. Es muy importante no obligar al perro a entrar en la zona segura. Siempre tiene que ser algo agradable para él, por lo tanto, utilizaremos premios, chucherías para perro, caricias, palabras de aprobación, siempre de forma tranquila, sin causar excitación al animal.

Dentro de la caja le podemos poner comida para estimularle a entrar, y una vez esté dentro le premiaremos, con más premios o con caricias, etc. Repetiremos este proceso varias veces a lo largo del día.

En el siguiente vídeo podéis ver cómo llevar a cabo todos estos pasos:

 

Tratamientos de la sensibilidad a los ruidos

Hay diversas opciones terapéuticas en el tratamiento de sensibilidad a los ruidos dependiendo del grado de afectación. Estas opciones se pueden combinar entre ellas.

  • Crear la zona de seguridad: necesitamos hacerlo un mínimo de 4 semanas antes de la situación estresante. Se recomienda en todos los casos.
  • Tratamiento con feromonas o nutracéuticos: también se recomienda en todos los casos, pero en los casos graves y moderados se deberá combinar con otros tratamientos. El efecto es inmediato, es decir que se puede usar el mismo día del evento. Las feromonas proporcionan una base de seguridad similar a la que le aporta estar con el propietario. Los nutracéuticos ayudan a disminuir el nivel de nerviosismo.

  • Tratamiento farmacológico de acción rápida: se usa en casos graves y moderados. El efecto es inmediato, es decir que se puede usar el mismo día del evento.
  • Tratamiento farmacológico de acción diferida: está indicado en casos graves, pero se deben iniciar al menos 4 semanas antes de la situación estresante.
  • Técnicas de modificación de conducta: pueden usarse tanto en el tratamiento como para la prevención, pero lo tenemos que realizar en épocas del año en que no haya riesgo de lluvia o que no haya fiestas en las que tiren petardos (de septiembre-octubre a marzo). Dentro de la modificación de conducta, tenemos:
    • Terapias de afrontamiento del estrés: son terapias paliativas que se usan para disminuir el impacto del estímulo, disminuir la percepción negativa por parte del animal y favorecer la estrategia de afrontamiento del estímulo.
    • Terapias de desensibilización: son terapias llamadas curativas, donde se expone el perro al estímulo de manera controlada (grabaciones de audio). Además de hacer lo que hacen las terapias paliativas, modifican la percepción del estímulo, intentan extinguir el miedo. Aunque debemos advertir que el miedo no puede borrarse, sí controlarse.

Debe ser el veterinario quién te prescriba un tratamiento farmacológico, se deben seguir las pautas que te diga y ofrecer la máxima información posible. Es importante que el veterinario conozca si nuestra mascota tiene otros problemas de comportamiento, por ejemplo, existen medicamentos que están contraindicados si nuestra mascota tiene problemas de agresividad.

Resumimos algunos consejos para el día de San Juan o de tormenta

  • Intentad que el perro haga suficiente ejercicio físico ese día. Si no quiere salir a la calle, podemos realizar juegos interactivos en casa.
  • Saque a su perro a pasear antes que empiece el momento de estrés, debe sacarlo con un margen suficiente de tiempo y no trate de sacarlo a la fuerza si tiene miedo.
  • Mantenga a su mascota dentro de casa. Es aconsejable cerrar persianas y encender el televisor o la radio. Se ha visto que la música clásica tiene un efecto relajante en los animales.
  • Actuar con serenidad, no castigar al perro sea cual sea su comportamiento, y no acariciar al perro para intentar tranquilizarlo.
  • Proporcione un ambiente seguro para que su mascota pueda esconderse.
  • Acompañar al perro a la zona segura (una vez esté entrenado para hacerlo), NUNCA FORZARLO A ENTRAR.
  • Esperar unos minutos con él, hasta que veamos que se relaja, pero sin interactuar con él de ninguna manera, sólo necesita nuestra presencia.
  • Nunca sacar al animal de la zona segura, aunque hayan pasado horas y siga dentro. Siempre tiene que salir por propia voluntad cuando él quiera.
  • En determinados casos puede ser necesario medicar estos animales, pero siempre se debe hacer con la indicación de un veterinario. Hay también tratamientos de soporte como complementos dietéticos o feromonas que ayudan a que nuestro perro se sienta más seguro y tranquilo.